jueves, 24 de junio de 2010

Ejercicios literarios.

Enfundo su mala leche en el cinto de su cintura, respiró por encima de la nube de humo del local, y con la destreza de su mano diestra, alcanzó la cerveza, fresca y espumosa que yacía sobre la barra, sopló fuerte, y la espuma voló y cayo como copos de nieve sobre la blusa de él. 

Sólo pudo decirle un lo siento, y él sólo supo decirle, no importa. 


Aquello electrizó hasta el último poro de su piel reseca, contuvo un me llamo......y él siguió andando por la barra del bar envuelto en su indiferencia. 

1 comentario:

María dijo...

Ahora que nombras la cerveza... Me acuerdo que de pequeña me gustaba la espuma, era lo único, lo demás era demasiado amargo. Sigue sin gustarme, aunque dicen que ya me acabará gustando...

La indiferencia mata tantas cosas antes de que tengan tiempo a nacer.

Besos, ex-compi.